Llegó el Domingo y con ello el segundo intento de alargar la ruta por La Punta. Sin embargo estaba un poco desmoralizado y opté por cambiar de estrategia: buscaría una ruta más corta. En vez de subir la montaña por donde siempre y después volver en dirección contraria, dejaría la montaña a mi derecha y seguiría una carretera que presumiblemente la bordeaba. Si todo salía bien llegaría a la misma carretera del día antes pero en un punto inferior, ascendería un poco y encontraría el cruce donde terminé el Sábado. Sería entonces cuando subiría la montaña por la cara fácil y el resultado sería una ruta casi circular.
Pero 6km despues de la salida, a la altura de Kerlux, vuelvo a percibir el ruido y recuerdo mi incumplida promesa de revisar la Merida en casa. El ruido sólo se producía cuando dejaba de pedalear así que dando un vistazo sobre la marcha a mi rueda trasera me doy cuenta de que está hecha un ocho. Me detuve y comprobé los radios. Todo en su sitio, no habían radios sueltos, así que decido continuar y no hacer mucho el bestia.
A partir de ahí las cosas van más o menos bien, mi orientación no falló y realmente la carretera bordeaba la montaña. Subo por la carretera que une Vall de Uxó y Chilches y encuentro el cruce del día anterior.
Tras tomar el cruce y ascender llegó el momento de colocar la cámara para grabar la bajada. Ya había cogido práctica así que antes de darme cuenta estaba comenzando a bajar, dejándome caer, trazando tranquilamente sin coger velocidad. Una curva a derechas, una pequeña recta y una curva a izquierdas. Me abro para tomar la segunda pero estúpido de mí me meto en una pequeña zanja de forma innecesaria. Al tomar la curva noto un sonido extraño... la rueda estaba en el suelo y al parar me doy cuenta de que un radio estaba partido.
¡Maldición! Aún quedaba el descenso fuerte. Lo tendría que hacer con extremo cuidado. No quedó otra, un "rac" "rac" continuo me recordaba el estado de mi rueda trasera así no era el momento de hacer el idiota y bajé a 30km/h por donde la semana anterior iba a 60.
No me quedaba cámara de recambio ni kit de reparación así que me concentré en no pillar ningún hoyo y conseguí volver a casa.
Después de las pruebas de la mañana, el Sábado por la tarde intenté volver al mismo lugar de la semana anterior. La idea era alargar el recorrido enlazando con alguna otra loma.
Por desgracia la cosa no empezaba bien, sin comerlo ni beberlo las pruebas de la mañana habían resultado en una distancia de 27km así que no tenía muchas ganas de aventura.
Baje la montaña por la cara sur y seguí una carretera comarcal para ver a donde llegaba, me topé con un cruce con una carretera con tráfico y decidí dejar eso para los ciclistas de carretera.
Sin ganas ni tiempo volví sobre mis "pasos" y volví a hacer el fuerte descenso pero con más calma. Poco después, y ya en llano, empecé a oír un ruidillo periódico que me dio muy mala espina. "Esta vez he roto algo" pensé. Después de una breve parada en la que no encontré nada decidí revisarlo más tranquilamente en casa ya que me quedaban unos 5km para llegar. Por supuesto que un globero como yo olvidó por completo la revisión y eso tendría sus consecuencias al día siguiente pero eso es otra historia.
El fin de semana se las prometía aburrido, sin gran cosa que hacer en la casa de mis padres en la Playa de Móncofar. Me había llevado la Merida para dar una vuelta pero hacía muchos años que no cogía una bicicleta por aquella zona.
Tenía planeado una especie de paseo para matar el tiempo: rumbo a la Playa de Chilches esperaba toparme con algún resto de la Torre Caída que no visitaba no sé desde cuando. Desde allí la idea era dar media vuelta y visitar la playa de Nules. Aburrido y llano.
Lo del ladrillo es alucinante, a veces no reconozco el que fuera mi pueblo. En fin, todo listo para urbanizar, puerto deportivo incluido. Así que de repente me encontraba en la playa de Chilches sin rastro de la torre caída. ¿Se la habrá terminado de tragar el mar? ¿Habrá sido ocultada por el urbanismo feroz? Tal vez simplemente no la vi.
Decepcionado di media vuelta y me puse rumbo a Nules pero a penas había pedaleado cuando una pequeña loma, que presumiblemente no superaba los 200m de altura, llamó mi atención. No debía estar muy lejos, menos de 10 km, y se veían construcciones así que debía tener caminos.
"A por ella" pensé. No tenía ni idea de cómo llegar pero intentarlo le daría emoción al tedioso sábado que me esperaba. Afortunadamente la carretera avanzaba perpendicular a la montaña y una par de puentes y una futura rotonda después (si hay algo que no falta en toda la provincia de Castellón son rotondas) me encontraba en las inmediaciones de esa "montaña".
Era el momento de no cagarla, así que pregunté a un hombre que trabajaba en su campo y me indicó por donde comenzar la subida. Todo era perfecto, el asfalto desaparecía y se convertía en tierra. Nada más entrar un cartel turístico, resultaba que aquello era una ciudad ibérica y el lugar hasta tenía nombre: La Punta de Orleyl.
Las sorpresas no acababan ahí, el camino era realmente inclinado con tramos asfaltados de cemento para que los vehículos que suben no pierdan tracción. Así que con un poco de esfuerzo se llega en a penas un km a los 200m de altura. Pero todo esto indicaba algo: la bajada debía ser realmente divertida y rápida.
Me empeñé en grabarlo pero no tenía nada preparado así que intenté acoplar la cámara en mi pecho, improvisación total claro. El tema salió como tenía que salir, mal, grabé una bonita escena de suelo. ¡No podía ser! Había que volver a subir y grabarlo y así lo hice. Intenté acoplar la cámara mejor y el resultado fue... malo. Rodé un bonito anuncio de mi Rock Shox Tora. Dos minutos de la horquilla subiendo y bajando. ¡Agggg! ¡No podía ser! Tenia que volver al día siguiente con algún invento que sujetase bien esa maldita cámara.
Así llegamos al Domingo, al menos el fin de semana estaba resultando interesante. El artilugio en cuestión era bastante cutre y consistía en una riñonera agujereada sujetada al manillar. De nuevo subí esa odiosa cuesta y antes de bajar una pequeña prueba. Todo parecía ok.
Tercer descenso y ya me resulta todo más familiar así que doy un pequeño salto al poco de salir al encontrar una piedra en mi camino y cuando llegué abajo minuto y medio más tarde el efecto de aquel salto había sido poner en pausa la grabación. ¡Diosssssssssss! ¡No era posible! Otra vez para arriba...
Cuarto intento y comienzo la grabación asegurando que no voy a volver a subir. Arranco y me dejo de saltos e historias, me limito a trazar sin dar a los pedales más que cuando la cuesta pierde bastante inclinación. Entro en el primer tramo de cemento, aquí es donde la cosa se pone interesante y subes a unos 50 km/h (repito que sin pedalear). Entonces ves el final del cemento y su unión con la tierra deja ver una pequeña franja que impresiona e invita a tocar los frenos. En realidad es lo que había hecho en las tres ocasiones anteriores pero mi peligrosa confianza en la Tora hizo que esta vez no lo hiciera. Una pequeña vibración me indicaba que había cambiado de superficie y al parecer aguantaba sobre la bicicleta. Esto me hizo llegar a los 60 km/h. La cosa se acababa, llegué al segundo tramo de cemento que marca el momento de clavar los frenos. Intente recolocarme en la zona izquierda pues la recta acaba en una curva de 90º a derechas. Pero eso me distrajo, cuando empecé a frenar me di cuenta de que era demasiado tarde. Una mirada al frente para saber lo que se avecinaba y una buena noticia: me esperaba un hospitalario arbusto que me abofeteó ligeramente la cara. Al final no fue para tanto y me salí a poca velocidad. Por suerte el objetivo estaba cumplido y todo estaba grabado.
Anécdotas y descensos a parte la ruta no esta mal para alguien que no tenga mucha experiencia. Pretendo volver otro día y enlazar con alguna otra loma vecina, eso sí, prometo bajar con más calma.